miércoles, 2 de noviembre de 2011

Sobre la discreción y las motivaciones

¿Soy un buen visitante? La respuesta está en otros y no en la opinión personal. La discreción en los actos define al individuo en proceso de madurez, o por lo menos en alguien que se procura paz para él mismo y su entorno circundante.

El diccionario de la Real Academia Española define este verbo así en su primera acepción: del latín discretiooni. Sensatez para formar juicio y tacto para hablar u obrar. ¡Cuánto más cuando se procura relaciones pacíficas! La experiencia ha demostrado, por ello, que el aprender a escuchar u observar antes de manifestar sin propósito una opinión o una acción -quizás con una carente intencionalidad perversa- ha contribuido a las buenas relaciones, puesto que se procura entender las percepciones sensoriales de los demás antes de reaccionar por esa necesidad de aportar o compartir. Un ejercicio de la empatía.

Por ejemplo, la virtud ejercitada con los peregrinos, menesterosos y desvalidos, aquella prestación de nuestros servicios a sus necesidades es, sin duda, una cualidad muy apreciada por personas de toda clase, un hábito que se cultiva por tradición. Y es que la hospitalidad representa el acto del dar incondicionalmente, pues produce una satisfacción que dignifica a quienes la practican y evidencia así un desprendimiento e interés sincero por otros. En el griego antiguo, la palabra filoxenia denotaba amor al extraño: la cualidad de acoger y agasajar con amabilidad a los invitados no íntimos. Entre los antiguos semitas, constituía una característica sobresaliente, puesto que el cuidado de los demás, especialmente de quienes necesitaban de las atenciones básicas, como los viajeros, era toda una parte integrante de la vida diaria y común, una costumbre que no distinguía entre extraños, amigos, parientes o convidados.

Llevando el tema a las intenciones del espíritu, es decir a las motivaciones más profundas de un hombre imperfecto, leemos algo revelador en los Proverbios de Salomón (rey en Israel entre 1037-998 a. EC.). Se trata de un interesante planteamiento donde se equilibra esta cualidad desde la perspectiva de las motivaciones. El pasaje es el siguiente (NM en español):

En caso de que te sientes a alimentarte con un rey, debes considerar con diligencia lo que está delante de ti, y tienes que poner un cuchillo a tu garganta si eres dueño [de un deseo] del alma. No muestres que apeteces sus platos sabrosos, puesto que es el alimento de mentiras. ¿Has hecho que tus ojos les echen un vistazo, cuando no son nada? Porque sin falta se hacen para sí alas como las de un águila y vuelan hacia los cielos. No te alimentes con el alimento de ninguno de ojo no generoso, ni muestres apetecer sus platos sabrosos. Porque como quien ha calculado dentro de su alma, así es él. “Come y bebe”, te dice, pero su corazón mismo no está contigo. Tu bocado que has comido, lo vomitarás, y habrás malgastado tus palabras agradables. (Proverbios 23:1-3, 5-8)

La situación que plantea Salomón se aborda en el marco de un consejero que previene al lector. El deseo de todo comensal podría ser el hacer visitas, quizás en el anhelo de ser invitado por los que pueden poner una mejor mesa o buscar una invitación entre los que son prominentes, ricos, poderosos, o simplemente influyentes. Y esto es lo que percibimos en esta era de modernidad y de procesos veloces y mecánicos donde se trabaja en pos de la oportunidad (time is Money). Muchos han hecho del ‘figurar socialmente’ su búsqueda de la vida. La lista de “Quiénes son gente de importancia” es su guía si se trata de cerrar una venta o un contrato apetecible. Nada más falaz a la luz del proverbista, quien advierte sobre el lazo que yace en ello. El escritor sabio dice:

En caso de que te sientes a alimentarte con un rey, debes considerar con diligencia lo que está delante de ti, y tienes que poner un cuchillo a tu garganta si eres dueño de un deseo del alma. No muestres apetecer sus platos sabrosos, puesto que es el alimento de mentiras.—Pro. 23:1-3.

Se nos advierte del peligro, ante alguien con cierta autoridad, de intentar una asociación demasiado íntima con hombres poderosos. No muchas personas llegan a sentarse a la mesa de un rey verdadero, pero a veces sí comen a la mesa de uno que tiene autoridad. Por lo general hay una gran variedad de platillos, buen vino, etcétera, que lo tienta a uno a la intemperancia. ¿Sería prudente por parte del comensal el ser doblemente cuidadoso para no excederse? ¿Debería restringir su apetito —figurativamente, ‘poner un cuchillo a su garganta’— especialmente si es uno que tiene “deseo del alma,” que es fácilmente llevado a comer o beber demasiado? Si es sabio, el invitado ciertamente vigilará toda su conducta en esta situación, porque no quiere que este hombre de autoridad lo juzgue inmoderado o voraz. “No muestres apetecer sus platos sabrosos, puesto que es el alimento de mentiras,” advierte el proverbio. ¿Podría el invitado dejarse engañar y pensar que esta invitación a comer automáticamente le signifique que es un individuo favorecido? La respuesta la determinará la intención. Tampoco –según el consejero- debería tratar presuntuosamente de hacerse demasiado íntimo con el hombre, pues podría llevar a su humillación y posiblemente a su caída.

Una ilustración: consideremos el caso del oficial de la corte del rey Asuero de Persia, Hamán, quien se llevó un trago amargo precisamente cuando pensaba que era el más íntimo con el rey. La reina Ester pide al monarca audiencia en su mesa junto a la persona de quien tramaba un genocidio en contra de los de su raza:

Si he hallado favor a los ojos del rey, y si al rey de veras le parece bueno otorgar mi petición y obrar de acuerdo con mi solicitud, que el rey y Hamán vengan al banquete que yo celebraré para ellos [mañana], y mañana haré conforme a la palabra del rey”. En consecuencia, Hamán salió aquel día gozoso y alegre de corazón; pero en cuanto Hamán vio a Mardoqueo en la puerta del rey, y que este no se levantó y no retembló a causa de él, Hamán inmediatamente se llenó de furia contra Mardoqueo. Sin embargo, Hamán se contuvo, y entró en su casa. Entonces envió e hizo entrar a sus amigos y a Zeres su esposa; y Hamán procedió a declararles la gloria de sus riquezas y el gran número de sus hijos, y toda cosa con que el rey lo había engrandecido, y cómo lo había ensalzado sobre los príncipes y los siervos del rey. Entonces el rey y Hamán entraron a banquetear con Ester la reina. El rey ahora dijo a Ester también el segundo día durante el banquete de vino: “¿Cuál es tu petición, oh Ester la reina? Que aun se te dé. ¿Y cuál es tu solicitud? ¡Hasta la mitad de la gobernación real... que aun sea hecho!”. Ante esto, Ester la reina contestó y dijo: “Si he hallado favor a tus ojos, oh rey, y si al rey de veras le parece bien, que se me dé mi propia alma por petición mía, y mi pueblo por solicitud mía.Porque hemos sido vendidos, yo y mi pueblo, para que se nos aniquile, mate y destruya. Ahora bien, si se nos hubiera vendido para simplemente [ser] esclavos y simplemente [ser] siervas, me habría quedado callada. Pero la angustia no es apropiada cuando [resulta en] perjuicio para el rey”. El rey Asuero ahora dijo, sí, pasó a decir a Ester la reina: “¿Quién es este, y precisamente dónde está el que se ha envalentonado para obrar así?”. Entonces Ester dijo: “El hombre, el adversario y enemigo, es este miserable Hamán”. En cuanto a Hamán, se aterrorizó a causa del rey y de la reina. En cuanto al rey, él se levantó en su furia del banquete de vino [para ir] al jardín del palacio; y Hamán mismo se puso de pie para presentar solicitud por su alma a Ester la reina, porque vio que lo malo había sido determinado contra él por el rey. Y el rey mismo volvió del jardín del palacio a la casa del banquete de vino; y Hamán estaba caído sobre el lecho en que estaba Ester. En consecuencia, el rey dijo: “¿Acaso también se ha de forzar a la reina, estando yo en la casa?”. La palabra misma salió de la boca del rey, y a Hamán le cubrieron el rostro. Harboná, uno de los oficiales de la corte delante del rey, ahora dijo: “También, el madero que Hamán hizo para Mardoqueo, el que había hablado lo bueno respecto al rey, está plantado en casa de Hamán... cincuenta codos de alto”. A lo que dijo el rey: “Cuélguenlo en él”. Y procedieron a colgar a Hamán en el madero que él había preparado para Mardoqueo; y la furia misma del rey se apaciguó. (Est. 5:8-11; 7:1-10).

Por otra parte, ¿Es la intención hacerle un favor a alguien más? Si poseemos alguna autoridad de jefatura sobre otros, la importancia de usar discernimiento cuando somos un invitado en casa ajena cobra mayor relevancia. Esta se pone de relieve unos cuantos versículos después: “No te alimentes con el alimento de ninguno de ojo no generoso,” dice el rey Salomón de la antigüedad, “ni muestres apetecer sus platos sabrosos. Porque como quien ha calculado dentro de su alma, así es él. ‘Come y bebe,’ te dice, pero su corazón mismo no está contigo. Tu bocado que has comido, lo vomitarás, y habrás malgastado tus palabras agradables.”—Pro. 23:6-8.

La admonición es interesante. Al aceptar una invitación quizás se descubra que exteriormente presenta una apariencia muy generosa y cordial, invitando a comer y beber libremente. Pero realmente vigila y le duele cada bocado que se come, no siendo de la clase que da algo altruistamente, porque espera algo a cambio de lo que da: ha calculado con un objetivo ulterior en mira, haciendo esto “dentro de su alma”... es su modo de vivir, la manera en que él opera. Al anhelar sus cosas buenas se ha conseguido aquel anfitrión un comensal frecuentador. Le ha dado entrada, pues sus visitas frecuentes compran sutilmente un derecho de obligación, una dependencia que lo coloca en cierto grado bajo su poder. Esto estaba calculado.

Sin discreción y discernimiento no hay actuación prudente para detener esta asociación íntima en una etapa temprana que lo coja de improviso, como una trampa de la que se le hará muy difícil salir. Un padre para con su hijo que necesita corrección o disciplina, ¿titubeará en dársela debido a una sensación de endeudamiento o de amor mal dirigido? Hay cierto bochorno, quizás temor. Puede que ese padre se excuse en desempeñar su deber debido a que le ha correspondido en mimos y atenciones sin propósito, después de aceptar su “hospitalidad”... De esta forma ‘el corazón de él no estuvo con ese padre’ durante todo aquel tiempo. O quizás el problema sea el miedo a que él se encolerice y arrostre aquellos dispendios y favores que lo señalan con intenciones dudosas. Aquel interés lo lleva a vacilar, poniendo en peligro su relación ‘agradable’ con él. La parcialidad lo favorecerá injustamente frente a los demás hijos, cometiendo así injusticia, causando daño al hogar, junto con oprobio al buen nombre como padre y persona (Proverbios 17:23). Entonces, “tu bocado que has comido, lo vomitarás, y habrás malgastado tus palabras agradables.” Al darse cuenta de la trampa en que está, le repugna, por decirlo así, el pensar en su comida. Ese compañerismo bueno y sano que creía que estaba cultivando no se desarrolló. Las palabras agradables de amigabilidad y aprecio, las cosas dichas para edificar espiritualmente y animar, se han malgastado, así como su tiempo. De veras tiene ganas de ‘vomitar.’

El principio que se expresa en el proverbio también aplicaría a otras cosas además del alimento. ¿Una situación complicada por amar la excelente y cómoda casa de nuestro anfitrión, su alberca de natación, su lancha u otras comodidades o el entretenimiento que pueda proveer?

Proverbios 25:17 declara: Haz cosa rara tu pie en la casa de tu semejante, para que no tenga lo suficiente de ti y ciertamente te odie. Hasta un buen amigo tiene alguna necesidad de estar en privado, ¿son las visitas demasiado largas, demasiado frecuentes o inoportunas? Quizás en el tiempo anhele el que uno deje de venir.

Los consejeros y amigos genuinos suelen ser considerados y discretos, tratando de no visitar en hora inoportuna. Si hay un verdadero problema que considerar, a menudo es prudente hacer arreglos con anticipación. Las visitas no programadas y frecuentes crean malestar a la familia, lo mismo las que se hacen indiscretamente largas. En verdad se requiere discernimiento, respeto y un verdadero interés en el bienestar de otros para responder a la pregunta: ¿soy un buen visitante?

Lima, 02 de noviembre, 2011

LS

Grabado: Gustave Doré: Ester acusando a Hamán
Siguiente ensayo

1 comentario:

  1. La práctica virtuosa de la caridad y ayuda al prójimo, sin que medie interés alguno que no sea el legítimo, ha sido uno de los consejos de mayor valor que se me ocurre pueda existir. Muy pocos lo practican en ese sentido. Un estupendo artículo que lleva a la meditación.

    Un abrazo y felicitaciones por continuar en estas publicaciones.

    Tu padre

    ResponderEliminar